He sentido una gran alegría al ver grabado el Concierto para piano y orquesta del que fuera mi buen amigo Joaquín Nin-Culmell (1908-2004) fallecido el 14 de enero de 2004 en los Estados Unidos. Me da pena que él no pudiese conocer esta grabación, realizada en el Teatro Amadeo Roldán de La Habana con la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba en junio de 2005; me decepcionó también que no llegara a conseguir el estreno de su ópera La Celestina, en la que tanta ilusión y sapiencia había puesto. Menos mal que ya se han grabado la colección de Tonadas y otras piezas pianísticas de interés, como los Tres Homenajes, la Sonata Breve, las Tres Impresiones y las Doce Danzas cubanas. Y hay que felicitar a Columna, siempre atenta a la música española, por haber publicado ahora este CD que recoge dos conciertos para piano y orquesta, el del propio Nin-Culmell y el de Montsalvatge. Del excelente Concierto Breve de Montsalvatge ya existían grabaciones, pero no del de Nin-Culmell, que se ha tocado en los últimos años por estos pagos pero no había pasado al disco. Y se agradece que se haya hecho en una excelente versión y con tan buen sonido.
Nin-Culmell era un gran pianista. Una de sus primeras profesoras fue Emilia Quintero, acompañante de Pablo Sarasate. En París recibió clases de piano de Paul Braud, Alfred Cortot y Ricardo Viñes. Y durante los veranos de 1930 a 1934 trabajó en privado con Manuel de Falla, de quien se consideraba, y bien lo demostró, alumno. En 1940 se estableció en los Estados Unidos e impartió enseñanzas en el Williams College y en la Universidad de California en Berkeley, donde recibía numerosas visitas de músicos amigos, europeos, cubanos y españoles, a los que recibía con su amabilidad y simpatía proverbiales.
Cuba y España fueron dos pasiones en su vida y se valió de su música tradicional una y otra vez, pero siempre a la manera de Manuel de Falla –su maestro y modelo de vida y de arte- reelaborándola con sumo cuidado y sensibilidad. Pero también abordó numerosas obras desde la creatividad absoluta (hasta el punto en que puedan usarse esta dos palabras para una obra humana) y de ello es buena muestra su bello Concierto para piano, donde tan sólo en el último movimiento se juega con un tema popular, pero trabajado libremente por el compositor. En cierta ocasión, tras visitar el Archivo Manuel de Falla en uno de sus últimos viajes a España, Nin aseguró, refiriéndose a varias de sus obras, entre ellas el Concierto de piano, que “sin los consejos de Falla estas obras no se hubiesen compuesto. Y si bien Paul Dukas me dio los medios, Don Manuel me dio el espíritu”. La versión de la Orquesta Sinfónica Nacional de Cuba, dirigida por Enrique Pérez Mesa, es excelente, y también la del pianista Daniel Blanch, cuya brillante carrera ya dice mucho de sus méritos artísticos.

Orquesta, director y pianista vuelven a lucirse en una magnífica versión del Concierto Breve de Xavier Montsalvatge (1912-2002), estrenado en el Palau de Barcelona el 2 de diciembre de 1953. Fue entonces solista, con la Orquesta Filarmónica de Barcelona dirigida por Louis de Froment, la gran pianista Alicia de Larrocha. Según nos dice la biografía de Daniel Blanch incluida en el disco, éste ha recibido valiosos consejos de Alicia de Larrocha. En cualquier caso, realiza una versión, con medios sobrados, como puede verse en la importante cadencia del precioso “andante” o “dolce” del “Concierto Breve”.

Dos grandes músicos contemporáneos, uno de raíz catalana y el otro catalán de pura cepa, y dos grandes aportaciones a la historia de un género muy querido por los aficionados como es el concierto para piano y orquesta.

Andrés Ruiz Tarazona
Diverdi

 

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