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En 2002 el pianista barcelonés Daniel Blanch nos dejó muy buen sabor de boca con su disco dedicado a Schumann y ahora vuelve a estas páginas con un nuevo trabajo discográfico, con fantasías de Mozart y Schubert. Dos de las tres elegidas del genio de Salzburgo, corresponden a sus primeros años vieneses, con fuerte influencia de la música que estaba en boga por entonces, y en las que Blanch se hace eco de un intimismo a flor de piel. La implicación emocional del pianista se hace aún mayor en la Fantasía K475, en lo que parece un autorretrato del propio autor, mostrándonos a un Mozart más melancólico del que habitualmente tiene en mente el público. Si hasta aquí el intérprete ha demostrado una capacidad de penetración psicológica pareja a su minuciosa sensibilidad es en ese monumento pianístico que es la Fantasía del caminante de Schubert donde nos demuestra un virtuosismo de raza, en ocasiones desgarrador, sin perder aún así, ese punto de conexión entre el autor romántico y el creador salzburgués.
Revista Melómano

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